CAJONERAS Y CANCEL
Las cajoneras, destinadas a guardar el vestuario y ornamento litúrgico son piezas destacables del mobiliario religioso y tienen su evolución en los arcones que tanto desarrollo tuvieron en época medieval. Se encuentran en las sacristías y vestuarios de los templos, configurando, con el resto del mobiliario, interiores de gran armonía y magnificencia. Presentan su frente ocupado por uno o más módulos de cajones para guardar las ropas litúrgicas, existiendo ejemplares que se completan con un módulo con puertas. Se adaptan por lo general a las proporciones de la estancia y, en muchos casos, se encuentran empotradas en grandes hornacinas. En ocasiones, sobre ellos y adosados a la pared, se levanta un empanelado con cajones y tacas, más una imagen del Crucificado, cobijado por dosel o pequeños retablos y espejos, delante de los cuales el sacerdote se reviste de sagrado.
Las cajoneras de la parroquia de Santa María son anteriores a la segunda mitad del siglo XVIII, y una de ellas es la más antigua de todas las existentes en Écija, y se fecha en el periodo de transición entre los siglos XVII y XVIII.
Esta cajonería se compone de dos muebles divididos en cajones rectangulares y dos tacas en los extremos, decorados con una cartela oval rodeada de hojarasca. Los fondos están pintados en rojo y la talla en dorado, hecho este poco frecuente en las cajonerías ecijanas. Con la misma decoración existe una escalera y una credencia reformada a finales del siglo XVIII. Sobre esta cajonería aparecen sendos doseles fechados en los últimos años de la citada centuria. El del mueble central cuenta con una imagen del Crucificado, enmarcado en un panel mixtilíneo y flanqueado por paneles con atributos de la pasión. Se rodea el conjunto por un ancho festón ondulado, que se eleva en el centro simulando un dosel, siendo la decoración motivos de rocalla por lo que debe pertenecer a una intervención posterior.
En el mueble
lateral se dispone otro dosel de menores proporciones, también con un
crucificado de menor tamaño sobre un fondo de seda y con un rico marco de temas
vegetales, rematándose por una especie de corona semicircular decorada con
temas geométricos y penacho vegetal.

Primera Cajonera de la Sacristía. Obra de Bartolomé González Cañero quien, en 1752, se comprometía a realizar un cajón de cedro para vestidos, que podría identificarse en este muble.
Segunda Cajonera de la Sacristía. Los módulos laterales difieren del principal, aunque todo el conjunto parece corresponder al mismo momento. El mueble central presenta cuatro cajones tallados de gran tamaño, flanqueados por dos armarios de una hoja. Estos van decorados con casetones y una estrella central de ocho puntas, apareciendo los fondos tallados con temas vegetales. Estos armarios se rematan por dos volutas que flanquean una cartela rodeada de hojarasca y rematada por un jarrón. Sobre los cajones se sitúa un pequeño retablo, en forma de hornacina, con arco carpanel apoyado en pilastras, que alberga una pintura del Niño Jesús dormido, de las mismas fechas que el resto del conjunto. La cornisa de éste se decora con volutas que simulan un frontón partido, elevándose al centro un dosel con un Crucificado. Aquel cuenta con un marco decorado por un festón de madera tallada formando volutas vegetales. Junto a este mueble y a ambos lados se sitúan unas alacenas, con puertas decoradas de cuarterones.
Tercera Cajonera de la Sacristía. Están divididos en tres grandes cajones decorados con casetones tallados con temas de rosetas y roleos vegetales muy sencillos. Están flanqueados por pilastras pareadas con una guirnalda en el centro. Los laterales están decorados con registros de forma romboidal y se cubren por una tapa de mármol rojo. El de la derecha se prolonga en un pequeño retablo en forma de hornacina de medio punto, presidido por la figura de San José. En el otro mueble existen un pequeño anaquel para los libros, que descansa sobre dos cajones decorados con casetones tallados y se remata por una cornisa con crestería donde aparecen temas de rocalla, fechándose este último elemento a finales del siglo XVIII.
Los canceles, al ser estructuras fijas, no pertenecen por entero al carácter mobiliar. Están concebidos a manera de contrapuerta, presentando tres frentes, dos laterales y uno central, apareciendo cubiertos y adosados a las jambas de la puerta. Sirven para establecer un ámbito de transición entre exterior e interior y su misión es la de aislar el templo de las inclemencias del tiempo y de los ruidos callejeros.
Cancel. Es
de planta semicircular, sección poco frecuente, es el más interesante de todos
cuantos se conservan en Écija, además de estar documentado. Se sabe que en
1743 Juan Antonio Rodríguez presenta las cuentas de la construcción del cancel
de la puerta principal de Santa María. Se detallan todos los gastos tanto de
madera comprada en Sevilla por un total de 2.096 reales, como por la cola, los
clavos y los jornales del maestro y oficiales. Cuatro años después de la fecha
citada siguen los pagos por la construcción del cancel, obra que se concluyó
en 1746. En esta última cuenta aparecen también gastos de madera, sobre todo
de caoba utilizada para la talla, que, en parte, se compró a la parroquia de
Santa Cruz, que por aquellas fechas había terminado la construcción de la
sillería baja. Otra parte se compró en Cádiz, hasta donde se desplazó el
maestro y otras maderas en Sevilla, donde también se adquir
ieron
otros materiales como cola, lija, picón para la cola e incluso aceite
"para amolar las herramientas y cocer los tomates para dar más color a los
Tableros del cancel". El maestro trabajó junto a los oficiales 450 días
cobrando 9 reales y medio cada día.
Como se ha
señalado anteriormente presenta planta semicircular y, debido a sus
características, recuerda los manifestadores de los sagrarios. Presenta dos
batientes en el frente
,
que terminan en un arco mixtilíneo lo mismo que los postigos laterales. Está
decorado con complicados registros geométricos que se extienden por toda la
superficie, tallándose los fondos con temas vegetales realizados en madera de
caoba. El cancel apoya sobre unos pequeños pedestales de jaspe negro de
Córdoba, pagados a Pedro Fernández, maestro pedrero que los labró y pulió. A
media altura tiene dos vidrieras de cristales de colores inscritos en un
polígono curvo, que costaron 451 reales. El cancel se remata por una ancha
cornisa decorada por una guirnalda que se abre en los laterales y en el centro
en ménsulas que se rematan en florones las laterales, mientras la central, de
mayores proporciones, ofrece un ángel, obra realizada por Juan Prieto.
El conjunto se cubre por una bóveda semiesférica dividida en gajos, decorados por temas florales, rematándose por una macolla de temas vegetales que se adosa a la pared. Por su parte interior la bóveda está decorada con temas de lacería. Las cerraduras y fallebas costaron 120 reales y estuvieron doradas, según recibo del maestro dorador Francisco Cerrillo. En la parte exterior aparecen los mismos temas decorativos y algunos símbolos tallados a media altura alusivos a la Virgen (anagramas, ciprés, palmera, etc.).
* Extracción del libro "El
arte de la Madera en Écija durante el siglo XVIII"
de Mª Mercedes Fernández Martín